viernes, 31 de marzo de 2017

La fórmula Coutinho


Que pase el balón por las botas del mago.



Por Javier Cordero (@Javi15195)

No había muchos indicadores que predijesen que el Liverpool adoptaría para esta temporada una formación 4-3-3 con tanto nombre de características ofensivas en su alineación . El 4-2-3-1 mostraba aquel fútbol alegre, dinámico e hiriente que mostró su Borussia Dortmund. Pases veloces tras recuperación por una buena presión sobre el contrincante, una activación rápida de los mediapuntas y llegada arriba al unísono. Sin embargo Klopp adoptó un esquema con nombre ya de sobra conocidos y asentados en sus planes, en especial de mediocampo hacia delante: Wijnaldum-Lallana por delante de Henderson y arriba el tridente Mané-Firmino-Coutinho. 

En primer lugar, eso le serviría para salir a la presión en campo rival y la segunda y más importante en clave ataque sería para pasarse mejor el balón, facilitando la creación de triángulos por el 4-3-3. Esto conllevó responsabilidades para el número 10 del equipo. Philippe Coutinho fue el elegido para orientar los ataques y poner en contacto a cada uno de sus miembros. En la mayoría de ocasiones un Henderson frío y calculador en el pase y un movimiento hacia delante de Milner y Wijnaldum provocaban la aparición del carioca y de este modo la maquinaria se ponía en marcha. La creación de jugadas comenzarían e incluso terminarían en sus botas. El balón se inclinaba siempre hacia su lado, el izquierdo, para generar el espacio que permitiera superar a los mediocampistas y defensores rivales. En su parcela, Milner le busca constantemente, Wijnaldum y Lallana se cuelan entre líneas como punto de partida para empezar a moverse, Firmino se le acerca y libera la corona del área en beneficio de Mané y así Clyne puede llegar para el 2 para 1 por el sector derecho. Toda esa serie de mecanismos eran la llave para superar esos largos periodos en los que el rival no cede un palmo de terreno en la corona del área. Y todo pasaba por él, poniendo el peso sobre su capacidad de inventar y el grado de inspiración que poseyese.


Su fenomenal inicio de campaña coincidió con su versión más 
participativa y creadora de su carrera


Sus primeros meses fueron excepcionales: fue decisivo desde la mediapunta pero añadiendo un componente clave para poder lograr lo primero. La frecuencia de sus apariciones comenzó a construir un ataque más dinámico y fluido a partir de bajar hasta el escalón del interior izquierdo. Eso y una mayor agilidad para el pase corto que no le resta ritmo a la circulación. Coutinho respondía con numerosas participaciones ante rivales que se plantaban atrás, en los partidos más duros demostró que ahí estaba y que se podía contar con él. En la derrota ante el Burnley allá por agosto el equipo pudo remontar (2-0 final) por el gran volumen ofensivo producido y el brasileño tuvo parte de culpa al participar 111 veces en el partido. Ante un Hull que terminó abriendo las puertas a los reds (5-1) se gustó e hizo 100 intervenciones de mucha calidad. En otros difíciles como el disputado ante el United se notó que fue a romper el empate y realizó 88. Y en otro 0-0 partido rudo vs Southampton, hasta 108. Podemos decir firmemente que nunca se escondió, que reportó beneficios firmes y muy arraigados en el estilo de juego del equipo una vez estaba activo. Tras caer lesionado ante el Sunderland a finales de noviembre, la Coutinhodependencia se acentuó considerablemente hasta el punto de preocupar. Se había fundido el faro.

Mapa de calor de Coutinho ante el Burnley. El brasileño muestra más labores cerca del mediocampo sin perder presencia en la mediapunta para así concluir jugadas


A la baja de Coutinho se sumó la de Jordan Henderson, su principal administrador. Así, el rendimiento del equipo se vio afectado  al perder a sus dos principales motores en la generación del juego con lo que la eficacia para atacar y posteriormente para defender descendió considerablemente. El Liverpool mostraba una versión menos precisa y una propuesta más rádical en cuanto a fútbol directo, perdiendo cierto orden sobre todo ante los rivales replegados.  La incorporación de Emre Can al XI  la etapa más oscura de la temporada, más en términos de funcionamiento colectivo que rendimiento individual. El alemán es un futbolista fantástico a la hora de bregar, acosar arriba y abarcar metros, pero dificulta un juego más asociativo y posicional en campo rival. La velocidad en el pase y medir los tiempos serán sus asignaturas pendientes para ser eficaz ante dichos oponentes.


El regreso se Coutinho ha sido más difícil de lo esperado

Se esperaba que la lesión del brasileño fuese una pausa y que regresaría a su nivel una vez hubiese superado la lesión pero lo cierto es que le está costando volver a encontrar sensaciones y además el entorno no le está beneficiando para que vuelva a asumir responsabilidades, está más aislado que de costumbre al contener más su posición en la izquierda y aparece menos para asociarse. El entendimiento con Can está lejos de consolidarse y el criterio para tomar la decisión correcta no es tan alto en la medular de los reds, en la que Wijnaldum y Lallana tratan de hacer lo posible empujando hacia arriba para jugar cerca de la frontal. Su estado de forma unido al de Sadio Mané son los principales factores que han logrado muchos puntos en este 2017 a la espera de que el número 10 reclame lo que es suyo. Con un banquillo lleno de inexperiencia y variantes que no terminan de contentar el entrenador, la pregunta es qué soluciones va a encontrar Klopp para activarle de cara al último tramo de temporada: ubicarle como interior, ofrecerle más profundidad en su sector izquierdo, cambiar el sistema... Solo con el mejor Coutinho el Liverpool puede conseguir una buena plaza para la Champions League de la próxima temporada.





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