jueves, 14 de enero de 2016

El fútbol es pasión como lo es el rock, algo que Elvis y Klopp llevan en las venas.


Klopp es algo más que un entrenador.







Por George Olmos (@george_olmos)

Os podría hablar del partido de ayer, de como una lluvia caía torrencialmente para hacerlo todo más épico, del golazo de Firmino, de lo 'blandiblú' que es la defensa Red con un portero de futbolín...Pero si por algo nos gusta el fútbol a algunos es por la pasión, por ese grito que damos cuando marca gol tu equipo, ese momento de levantarte de tu asiento...Y todo eso se pudo ver en el último minuto del Liverpool-Arsenal, cuando un pequeño galés al que muchos jocosamente le apodaron anteriormente como el 'Xavi Welsh', hoy, por su aspecto rudo sacado de una película de Ridley Scott, le llaman Pirlo, imagínense.


El gol de Joe Allen ocasionó una imagen para el recuerdo.

En los últimos años de su vida el rey del rock, es decir Elvis Presley, no andaba muy bien de la cabeza. Los medicamentos -y lo que no eran medicamentos-  le estaban dejando muy mal.  Y una de sus máximas en esos últimos cabezazos era querer seguir siendo ayudante del sheriff del condado de Shelby. Insignia que le impuso Nixon en Denver.


El Rey con su insignia de ayudante del sheriff.

Tal era su obsesión con llevar colgado de su pecho la estrella y de arreglar el páis, que dicen que una noche se personó en casa del presidente Richard Nixon, la casa blanca, así que allí se dirigió para arreglar el páis. Imagínense que llama a su puerta un tipo con unas patillas de escándalo, ese labio caído y diciendo: “Hola ¿está el presidente?  Quiero que me haga ayudante del sheriff”. Nixon, estupefacto, no sabía que decirle, así que ni corto ni perezoso y en esos momentos que no gozaba de muy buena popularidad, pensó como hacerlo, busco una insignia y ahí que se la puso y Elvis se fue tan contento para casa, pensando que era el primer paso. Dicen que en sus últimos años había noches que salía embutido en una cazadora roja desde Greaceland y paraba a personas para hacerles pruebas de alcoholemia. El bueno de Elvis; así son los genios.


La pasión inigualable de Klopp.

Si ayer Klopp se hubiera personado en nuestra casa, hubiera gritado con nosotros, se hubiera golpeado el pecho y nos hubiera dado un abrazo de esos de gol, le hubiéramos hecho capitán general del reino.

El fútbol es pasión como lo es el rock. Y eso es algo que tanto Elvis como Klopp llevan en las venas.